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La Corte de los Milagros era
un lugar de la antigua París donde los ciegos veían, los mudos hablaban, los
tullidos recuperaban el movimiento; entiéndase los que se hacían pasar por
ciegos, mudos y tullidos. La Corte de los Milagros llegó al cine al filmarse la
novela francesa Nuestra Señora de París. Los ingleses, enemigos tradicionales
de los franceses, cambiaron el bello título de Víctor Hugo por el horrible de
El jorobado de Notre Dame, con el que llegó la película al Paraguay.
La Corte de los Milagros era
un lugar de la antigua París donde los ciegos veían, los mudos hablaban, los
tullidos recuperaban el movimiento; entiéndase los que se hacían pasar por
ciegos, mudos y tullidos. La Corte de los Milagros llegó al cine al filmarse la
novela francesa Nuestra Señora de París. Los ingleses, enemigos tradicionales
de los franceses, cambiaron el bello título de Víctor Hugo por el horrible de
El jorobado de Notre Dame, con el que llegó la película al Paraguay. Naturalmente,
ser espectador no es lo mismo que ser actor de la Corte de los Milagros, cuando
de nuestra Corte se trata.
En la Corte Suprema de
Justicia (popularmente de los milagros) suceden cambios asombrosos. Algunos
llegan más culpables que Satanás y salen más inocentes que un recién nacido.
Todo depende de que una persona comprensiva haga desaparecer el expediente. Considerando
lo que le cuestan al país esas transformaciones, el presidente decidió renovar
el Poder Judicial. Para eso convocó una reunión extraordinaria del Congreso,
fracasada por falta de quórum.
La Corte de los Milagros es
un sector de la administración pública que ciertos sectores desean conservar. Lo
que pasó con la Corte es un anticipo de lo que puede pasar con la renegociación
de Itaipú. Los parlamentarios decididos a sabotear al Ejecutivo jamás van a
permitir una renegociación conveniente para los intereses nacionales.
Es triste pero es así y
debemos aceptarlo. Es mejor aceptarlo porque se sabe aquí y fuera del país, y
este es un factor negativo para las negociaciones. Sin embargo, para mejorar lo
que el Paraguay recibe de Itaipú no es indispensable una renegociación del
Tratado. El precio de la energía se puede cambiar, porque el propio Tratado
admite la posibilidad de variación del precio. De hecho, el precio ha variado
ya, sin necesidad de darle participación al Congreso. Se lo puede variar de
nuevo, por mucho que eso les moleste a ciertos parlamentarios dispuestos a
fundir al país con tal de fundir a la Alianza.
Es ofender la inteligencia
del lector decirle que, en esta crisis, esos dólares adicionales van a ser muy
útiles. Se sabe, además, que las condiciones son favorables para que el
Paraguay reciba un precio mejor. El año que viene son las elecciones en el
Brasil y, aunque Lula no piense reelegirse, quiere poner a su partido en una buena
posición electoral. Eso implica evitarle una imagen negativa, por ejemplo, la
de un país grande que abusa de uno chico; pagar más por la energía puede
resultarle conveniente al Partido de los Trabajadores.
¿Cuánto más? Esta es una
cuestión de habilidad de parte de la diplomacia paraguaya. Nuestros
representantes deben comprender que, si a Lula no le conviene hacerse de una
imagen de abusador internacional, tampoco le conviene la reputación de haberse
dejado abusar por un país más chico. Y esto último no depende solamente de los
negociadores paraguayos; depende también de sectores más amplios, incluyendo el
de los medios de comunicación. Si se presentan las tratativas con el Brasil
como una revancha, las propuestas paraguayas van a tener muy poca aceptación en
el Gobierno y la opinión pública brasileña.
Opinión: Por Guido Rodríguez
Alcalá
Fuente: Ultima Hora Digital
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